Un día al amanecer vio lo que pensaba era una bota, o un zapato flotando en el agua y algo hizo que estirara la mano, lo agarrara, y lo aventara adentro del bote. La cosa resultó no ser un tipo de calzado, pero un pingüino, y no cualquier pingüino, pero un Pingüino de Magallanes que estaba ya en sus últimas, y por lo visto, ya vencido y resignado a su destino.
Cómo lo revivió, y por qué llegaron a ser inseparables nadie tenía la más mínima idea, y todo era demasiado nuevo y extraño para siquiera los numerosos sabelotodo, que nunca faltan, tratar de adivinar.
Los Pingüinos de Magallanes son conocidos por ser extremadamente tímidos ‒ este no lo era. Supuestamente, preferían vivir en una colonia al lado del mar ‒ el que supuso eso estaba muy equivocado.
Arturo estaba acostumbrado a una cierta manera de ser, a un cierto trabajo, y tenía una vida tranquila y cotidiana – por lo menos así pensaba.
Como consecuencia de imprevistamente estirar la mano, los cambios llegaron rápidamente a la vida de Arturo y de su esposa, Elsa. Y no solamente eran ellos los que vieron cambios en sus vidas, pero todos en Valdivia notaron un cambio, por no decir un gran cambio, y no había nada que se podía hacer al respecto. “Dejarse llevar por la corriente” era aparentemente una buena opción, y si no la única opción, sin duda la más fácil, y viviendo cerca de un río, disfrutaba algo de lógica.
Arturo nombró el pingüino Cuco. Cuco era la palabra que en esas latitudes significaba un susto, un julepe, un sobresalto, y le explicaba a medio mundo que esto era justamente lo que le pasó cuando Cuco aterrizó ¡Plaf! como saco de plomo adentro del bote el día menos pensado y sin previo aviso. Por supuesto que ésto nunca pasó, pero según él, podría haber pasado ¿por qué no? y de todas maneras era una buena explicación y fue inmediatamente publicada en el periódico local, tal cual, y se convirtió en la purísima verdad.
Cuco resultó ser una fuerza de la naturaleza ‒ un fuerte imán envuelto en plumas que atraía a todos, especialmente a los niños, y en bien poco tiempo Valdivia figuraba prominentemente en el mapa mundial, que era precisamente donde todo Valdiviano deseaba figurar, y Arturo y Cuco se convirtieron en verdaderos y acreditados célebres.
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